De La Tablada a La Masía
La vida de Leo Messi es la historia de un pequeño futbolista predistinado a ser grande, muy grande. Nacido en el seno de una familia modesta del barrio de La Tablada, al sur de la localidad argentina de Rosario, Messi aprendió a darle a la pelota a la vez que daba sus primeros pasos sin tener que agarrarse de la mano de su madre o de su abuela. Pese a que no era mal estudiante, su único pensamiento estaba en el balón. Lo tenía tan claro que con sólo ocho años tuvo la valentía y el coraje suficiente para llevar a cabo un tratamiento hormonal imprescindible para poder desarrollar un crecimiento físico normal que le permitiera medirse de tú a tú con los más grandes. Lo que nadie sabía es que él era el más grande. Cada noche Leo se sentaba en su cama y se inyectaba la dosis pertinente en sus dos piernas. Sin pestañear, con el mismo desparpajo y corazón con el que más de una década después deja a sus rivales en el camino, tirados en el piso, preguntándose cómo es posible que alguién tan menudo lleve algo tan inmenso en su interior.
Pero mantener dicho tratamiento no requería única y exlusivamente de sacrificio. El dinero también era imprescindible, y a Jorge y Celia, sus padres, se le agotaban los recursos, después de conseguir la ayuda de un par de empresas durante dos años. Ni Newell’s ni River Plate decidieron hacerse cargo del coste del tratamiento (unos 1.000 euros al mes) y la familia Messi decidió apostar fuerte por la ‘pulguita’, como todos llamaban cariñosamente a Leo. La solución estaba en España, más concretamente en Lérida, donde residían unos familiares. Allí les esperaba una posibilidad laboral firme para su padre y la opción de realizar una prueba con el FC Barcelona, que por supuesto superó en cuanto los técnicos de la entidad blaugrana le supervisaron. Era diferente. Estaba condenado al estrellato. Tanto que ni la nostalgia ni la incertidumbre que provocaron el regreso a tierras argentinas de su madre y sus hermanos (Marisol, Matías y Rodrigo) pudieron alejarle de su sueño.
“Yo me quiero quedar”, le dijo a su padre cuando éste le sugirió la posibilidad de volver. Le había costado mucho llegar a un club grande como el blaugrana y no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión de triunfar, de ser el número 1. Dejó atrás La Tablada y se asentó en La Masía, donde el Barça recibió con creces las esperanzas puestas en él. Pasó rápidamente por todas las divisiones inferiores hasta su debut en primera división el día 16 de octubre del 2004 en un encuentro contra el Espanyol. Y prontó comenzó a ser historia viva de la entidad, siendo el jugador más joven en marcar un gol con 17 años, 10 meses y 7 dias (1-5- 2005 en un Barcelona-Albacete).
Sabías que:
- Su mejor amiga en la infancia se llamaba Cintia Arrellano.
- Su abuela Celia fue la primera persona que le llevó a jugar al fútbol.
- Su primer entrenador fue Salvador Aparicio
- Lideró el mejor equipo de los escalones inferiores de Newell’s, denominado ‘La máquina del 87′.
- Jugando en los escalafones inferiores de Newell’s llegó tarde a un partido porque se había quedado encerrado en el baño de su casa. Era la final de un torneo en el que se jugaban una bicicleta. Al descanso su equipo perdía 0-1. Leo llegó para la segunda parte después de romper el cristal de la puerta del baño. Al final su equipo ganó con tres goles suyos.
- En enero de 1997, con 10 años, medía 1,27 metros.
- El médico que le proporcionó el tratamiento para mejorar su desarrollo físico se llama Diego Schwarzstein.
- Sus principales valedores en el FC Barcelona fueron Josep María Minguella y Carles Rexach. Este último nada más verle jugar fue tajante. “Cojones, a este tío hay que ficharlo”.
- El primer compromiso con el FC Barcelona se firmó en una servilleta el 14-12-2000. Tres meses después firmaría su primer contrato oficial.

















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